Lunes. 6:30 de la mañana. Noto unos golpecitos en la espalda. Abro los ojos. Es Jaume, nuestro hijo de 4 años. "¿Preparamos la maleta para las colonias?". De pronto, lo veo mayor. Por unos segundos, su cara de trasto achuchable desaparece, y aparece un niño responsable. "Déjame un ratito más, Jaume, hasta que suene el despertador....y la preparamos juntos...."...
Jaume se acurruca a mi lado y me abraza, casi estrujándome. Hoy marcha de colonias y hay sesión extra de mimos. Y la verdad, no sé quién se aprovecha más de la situación, porque a mi me encantan estos momentos y procuro disfrutarlos. Sé que llegará un día en que estos abrazos no serán para mi, pero ahora no es la hora de pensarlo.
El despertador suena. Es hora de ponerse en marcha y Jaume, amoroso, se ha quedado dormido a mi lado. No lo despierto. Prefiero una primera organización somnolienta para después ponernos todos en marcha. Después de un fin de semana bien aprovechado y en buena compañía, ayer llegamos a Barcelona demasiado tarde como para pensar en bolsas y excursiones, confiando en el despertador de esta mañana. En casa ya nos hemos acostumbrado a los nervios de última hora y la presión e, increíblemente, las cosas acaban saliendo. No doy para más, no tengo máquina del tiempo.
Repaso la lista de cosas necesarias para las colonias. Después de tres minutos de colapso, me centro y preparo la sala de operaciones, que es la mesa del comedor. Cojo el rotulador permanente para marcar todo en tres segundos: el neceser con el cepillo y la pasta, que ya sé que acabará un poco pringosa; la proteccion solar extrema para niños blanquitos; la mini toalla que no ocupa y la protección de labios, que no entiendo muy bien por qué nos la han pedido. No incluyo el peine que, aunque sale en la lista, considero innecesario para los rizos desordenados de nuestro hijo: no lo veo peinándose en dos días de excursión. No me olvido de la pulsera antimoquitos: la verdad es que pensaba que era una chorrada pero, al no encontrar las pegatinas de repelente en la farmacia, he rectificado y me he adaptado a la situación....y hasta me hace gracia, colocada en el tobillo de Jaume, ya que su muñeca, aparte de estrecha, corre el riesgo de continua manipulación, fruto de los nervios de sus días de independencia.
Cuando ya estoy medio organizada, los niños y Eduard se despiertan y colaboran en el montaje. Eduard, experto en puzzles, coloca ordenadamente todas las cosas en la maleta: el juego de cama, ropa de recambio (he tenido tiempo hasta para dudar si le ponía manga corta o larga y del grosor del pijama), chaqueta, bambas....Jaume se distrae con la linterna y las lucecitas, mientras Martina quiere participar haciendo el mismo trabajo de su padre. Cada uno con su rol y, a pesar de los nervios y la prisa, va saliendo el trabajo.
Cantimplora con agua, bolsas de plástico para urgencias o para la ropa salpicada de tierra, gorra y zapatillas de plástico, varias explicaciones a Jaume de donde están las cosas (cuando seguro que se ha enterado a la primera)....creo que ya lo tenemos todo.....
"¡Falta una cosa!", dice Jaume, apareciendo sonriente con su peluche de los Clanners....un mini muñeco, amarillo y desgastado por el uso, que va a ser su compañero nocturno y que le ayudará a encarar con más compañía su noche de aventura....El niño mayor que me ha despertado esta mañana vuelve a ser el Jaume de siempre. Y me gusta: no hay prisa por crecer ni quemar etapas, sólo tiene cuatro años. Emocionado, lo coloca la maleta y Martina le ayuda a cerrarla.
Después de desayunar, Jaume ya está preparado con el chandal del colegio, la gorra por la que asoma su "melena" y la maleta de ruedas que no para de recorrer la casa. Jaume la arrastra, haciendo prácticas de conducción en un pasillo de reducidas dimensiones.
Saliendo de casa, Martina y Jaume, espontáneamente, se dan un gran abrazo. "Que te lo pases bien" "Y tú también....". ...Me enternecen estos momentos y pienso, que este cariño entre los dos significa que algo estamos haciendo bien. Disfruto de la escena sin cámara, pero el objetivo de mi retina llega directamente a mi corazón.
Ya en la puerta del colegio, nos encontramos con todos los padres, preparados para despedir a sus hijos. Caras sonrientes, expectantes, emocionadas o contenidas, esperando la entrada en el autocar de nuestros niños. Cuando aparecen, todos nos transformamos, buscando al nuestro, con saludos que no paran, diciéndoles cosas como si nos oyeran entre el barullo de la gente y deseando volverlos a abrazar una vez más.
Nuestros hijos sonríen, saludan, tiran besos y también se emocionan. Momento corto, pero intenso. Y mientras adivino la silueta de Jaume a través del cristal del autocar, sólo pienso en todo lo que va disfrutar, aunque sé que, insconcientemente, ya lo estoy echando de menos.
Este blog pretende entretener, hacer reír, pensar...Es sencillo, sin grandes pretensiones...Son mis vivencias, puntos de vista, mis pensamientos en alto, mis reflexiones, dudas, sentimientos....días buenos y días malos, luchas diarias, pequeños triunfos, algún fracaso, alegrías y decepciones....una porción de mi vida que se puede compartir y llegar a ser terapéutica, tanto para la que escribe como para el que recibe.
martes, 5 de junio de 2012
viernes, 25 de mayo de 2012
Saber perder
Martina llega a casa explicándolos que, en el colegio, les han dicho que escribieran tres deseos en un papel. "Yo he pedido que vuelva Pep Guardiola, que todos seamos amigos y ser campeona de gimnasia"...¡Menudos tres deseos! No hay nada como la inocencia infantil, tan pura..."Pero Martina, estos tres deseos son muy difíciles de conseguir" le decimos. "Si, por eso son deseos, es lo que me gustaría....a lo mejor se cumplen...".
Nos gusta ver su cara de emoción cuando nos lo dice...los ojos le brillan de ilusión y, en en ese momento, no vamos a tirar sus sueños por tierra. Ella sabe que las cosas son difíciles, pero con esas ganas, lo imposible se ve más cercano.
"Que vuelva Pep Guardiola" es su primer deseo. Parece mentira...como muchos otros niños, una niña de 6 años admirando a un entrenador de fútbol. Lo normal es ser fan de cantantes, actores, futbolistas.....los entrenadores tienen un papel secundario. Y Pep, pese a intentar ceder todo el protagonismo a sus jugadores y dignificar el futbol y el buen juego, siempre ha estado en el punto de mira. ¿Será porque ha conseguido hacernos recuperar la ilusión? Creo que nunca había disfrutado tanto del fútbol como con este Barça....buen juego no siempre envuelto de triunfo, pero con valores que lo hacen campeón. No me extraña que sea todo un referente para tantas personas que ven en él un modelo de esfuerzo, pasión y entrega.
Segundo deseo: "Que todos seamos amigos"...Creo que este deseo lo hemos tenido todos de niños. Ser aceptado, formar parte del grupo, de las relaciones entre compañeros....Martina me recuerda a mí a su edad....primaba la amistad por encima de todo y era importante la cantidad y frecuencia más que la calidad. Con el tiempo, el número de amigos se reduce drásticamente, aunque la intensidad y calidad es lo que realmente importa.
Y el tercer deseo..."Ser campeona de gimnasia"...La gimnasia, ¡su gran pasión!
......
Nuestros hijos, como todos los niños, dan gran importancia al triunfo. "Yo quiero ganar el primero" nos dice siempre Jaume, para que quede constancia que ganar es ser el número uno.
A nosotros nos sorprendre este espíritu competitivo y siempre les decimos que "para saber ganar hay que saber perder". Difícil frase para unos niños en un mundo competitivo, pero es importante saber que las cosas cuestan y que no todo se consigue tocando una pantalla, con un simple gesto, con un "clic".
No se puede ser el mejor en todo, es imposible. Es buena la lucha, la capacidad de superación, el esfuerzo, la constancia. Vencer las dificultades es lo que nos mantiene vivos. Nunca hay que perder la esperanza, pero el único objetivo no es el triunfo, sino todo lo que aprendes por el camino. Y si algún día llega el premio, hay que estar preparado, saboreándolo con pasión, pero también de forma humilde y generosa, siendo agradecido con todos los que nos han ayudado. Porque un triunfo y una medalla son efímeros, pero el recuerdo de los que saben ganar es eterno. Y el mérito como personas es lo que nos acompañará siempre.
Con estas u otras palabras similares intentamos preparar a nuestros hijos para este mundo caótico y competitivo. Difícil, como otras muchas cosas, pero es lo que hemos elegido. A veces nos parece que nos entienden y otros días es más complicado...
Inmersa en mis pensamientos, Martina me informa de los resultados de las carreras de motos, que los dos siguen atentamente con su padre: "Mamá, hoy Dani Pedrosa no ha ganado y no subirá al podio....pero quedar cuarto tampoco está mal....¿no? Lo ha hecho muy bien y se ha esforzado"....
....... Sin palabras....parece que nuestro esfuerzo como padres, de vez en cuando,también recibe medallas. Así que vale la pena no tirar nunca la toalla.
Txell
miércoles, 23 de mayo de 2012
Experiencia televisiva
Este mes de mayo, Martina y Jaume han salido por la tele. Martina, en un anuncio de Vodafone para Italia y Jaume, en un anuncio de Arnidol, un stick para los "chichones". Una nueva experiencia para ellos. Ahora se ven en la pantalla y les hace gracia....simplemente eso, una actividad más como niños y un recuerdo bonito.
Y a mi, lo que más me gusta, es lo bien que se lo han pasado en los rodajes, y que salen tal como son: Martina, activa, dando vueltas y como siempre, sin parar; y Jaume, un trasto de lo más cariñoso.
Espero que los disfrutéis como nosotros.
Txell.
P.D: Por cierto, no me olvido del post "Saber perder"....está casi a punto, pero las mil actividades de esta primavera, más la astenia me tienen agotada.....
domingo, 6 de mayo de 2012
Día de la madre
6 de mayo, día de la madre. Aunque un poco cansada y afectada por la primavera ( como cada año) no quiero que se acabe el día sin felicitar a todas las madres convencidas, que se desviven por sus hijos, que disfrutan y sufren con ellos.
Llevo unos cuantos años sintiéndome madre, exactamente siete, desde que Martina, en mi barriga, ya formaba parte de nuestros planes. Padres felices, dispuestos a hacerlo lo mejor posible, conscientes de nuestro cambio de vida y de estado, aunque, mirándolo con distancia, no del todo. Ser padre es el mejor aprendizaje sobre la marcha, en el que el sentido común y la paciencia son nuestros compañeros de viaje, hiperdesarrollados exponencialmente
Los hijos hacen que salga lo mejor y lo peor de todos nosotros. Nunca antes había gritado tanto, pero nunca había querido tanto, ni había mostrado mi sensibilidad de forma tan intensa, entendiendo perfectamente el amor maternal (o paternal que, en nuestro caso, es el mismo). Es un amor gratuito, sin esperar nada a cambio, lleno de ilusión por ver que tus hijos aprenden a ser personitas y pueden llegar a ser grandes personas.
Guiamos a nuestros hijos, para que les sea más fácil la vida, vivimos sus historias cediéndoles todo el protagonismo, ayudándoles a coger las riendas de su destino. Muchas veces nos cambiaríamos por ellos, para evitarles sufrimientos y para que no cometan nuestros mismos errores. Pero no podemos vivir su vida, sólo a ellos les pertenece. Somos su apoyo y su colchón, siempre estamos ahí, cuando aprenden todo lo bueno y todo lo malo que les puede ofrecer la vida. Reír y llorar, todo forma parte del ciclo, siempre ofreciendo nuestro hombro y compañía.
Intentamos, nos esforzamos y es tan difícil...Cada hijo es diferente y cada etapa también y los sentimientos no se pueden cambiar. A veces me gustaría mostrarles un mundo ideal, pero vivimos en el mundo real...así que, como podemos, los preparamos, adaptándolo a su edad. Y son ellos, los que, a menudo, nos dan lecciones de su visión del mismo, haciendo más simple lo que los adultos vemos complicado, con sus lógicas preguntas sobre el funcionamiento de todo.
Así me siento, madre en todos los sentidos, intentando no perder mi esencia. Días más buenos que otros, pero siempre apoyando a nuestros hijos en sus sueños, mientras intento no olvidar los míos. Y hoy, en nuestro día, me gustaría regalaros un enlace a un vídeo que, aunque tenga publicidad final, ilustra muy bien parte de nuestros sentimientos ( ¡Gracias, Sílvia, por pasármelo).
¡Feliz día de la madre!
Txell
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